02-Agosto-2009
Anthony Wesley, el hombre que se hizo famoso gracias a un hoyo en Júpiter
Alan Miranda
Hace 15 años el mundo se entusiasmó con uno de los descubrimientos astronómicos más notables de la historia: el impacto del cometa Shoemaker-Levy contra Júpiter, que permitió a los científicos alrededor del mundo observar por primera vez el choque de dos cuerpos celestes en el sistema solar.
Una de las personas más emocionadas en ese momento era Anthony Wesley, programador de cómputo de Murrumbateman, en el estado australiano de Nueva Gales del Sur. En aquel año de 1994, era sólo uno de los muchos astrónomos aficionados de ese país, pero ahora es toda una figura entre la comunidad astronómica mundial, porque hace unos días tuvo la suerte de descubrir otro golpe a la atmósfera joviana.
“El impacto del Shoemaker-Levy fue un acontecimiento muy emocionante y siempre tuve el sueño de que Júpiter fuera golpeado por otro objeto y tener la oportunidad de verlo”, dijo Wesley a Excélsior vía telefónica.
Ese sueño se cumplió la madrugada del 20 de julio, cuando, después de pasar varias horas tras su telescopio sin mucha suerte, descubrió una gigantesca e inusual mancha negra en la atmósfera de Júpiter, casi del tamaño de la Tierra, según algunos científicos.
Pero ese hallazgo no fue producto de la casualidad. Wesley, de 43 años, ha pasado la mayor parte de su vida observando puntos tan remotos dentro del sistema solar como le han permitido sus instrumentos. La primera vez que se interesó por esa actividad fue cuando, con sólo 10 años de edad, recibió su primer telescopio como regalo de Navidad.
Su niñez la pasó haciendo observaciones bajo el cielo despejado del gran desierto australiano, que debido a su poca nubosidad y escasa contaminación lumínica es quizá uno de los mejores sitios en el mundo para estudiar el espacio.
Casi a diario, Wesley termina su jornada laboral junto con su esposa, con la Su niñez la pasó haciendo observaciones bajo el cielo despejado del gran desierto australiano. En los primeros minutos del 20 de julio, luego de varias horas tras su telescopio, el astrónomo descubrió una gigantesca e inusual mancha negra en la atmósfera del planeta más grande del sistema solar que sorprendió hasta a la NASA
Hace 15 años el mundo se entusiasmó con uno de los descubrimientos astronómicos más notables de la historia: el impacto del cometa Shoemaker-Levy contra Júpiter, que permitió a los científicos alrededor del mundo observar por primera vez el choque de dos cuerpos celestes en el sistema solar.
Una de las personas más emocionadas en ese momento era Anthony Wesley, programador de cómputo de Murrumbateman, en el estado australiano de Nueva Gales del Sur. En aquel año de 1994, era sólo uno de los muchos astrónomos aficionados de ese país, pero ahora es toda una figura entre la comunidad astronómica mundial, porque hace unos días tuvo la suerte de descubrir otro golpe a la atmósfera joviana.
“El impacto del Shoemaker-Levy fue un acontecimiento muy emocionante y siempre tuve el sueño de que Júpiter fuera golpeado por otro objeto y tener la oportunidad de verlo”, dijo Wesley a Excélsior vía telefónica.
Ese sueño se cumplió la madrugada del 20 de julio, cuando, después de pasar varias horas tras su telescopio sin mucha suerte, descubrió una gigantesca e inusual mancha negra en la atmósfera de Júpiter, casi del tamaño de la Tierra, según algunos científicos.
Pero ese hallazgo no fue producto de la casualidad. Wesley, de 43 años, ha pasado la mayor parte de su vida observando puntos tan remotos dentro del sistema solar como le han permitido sus instrumentos. La primera vez que se interesó por esa actividad fue cuando, con sólo 10 años de edad, recibió su primer telescopio como regalo de Navidad.
Su niñez la pasó haciendo observaciones bajo el cielo despejado del gran desierto australiano, que debido a su poca nubosidad y escasa contaminación lumínica es quizá uno de los mejores sitios en el mundo para estudiar el espacio.
Casi a diario, Wesley termina su jornada laboral junto con su esposa, con la idea de llegar a casa y sentarse un par de horas junto al telescopio que tiene instalado en su patio trasero, aunque debe esperar hasta la media noche para obtener las mejores vistas.
Cabe destacar que este astrónomo de cómputo habita en Murrumbateman, población rural ubicada a 40 kilómetros de Canberra y elegido por muchos como sitio de retiro, donde se puede permanecer horas enteras en la mayor quietud posible.
A pesar de la variedad de objetos que Wesley puede mirar, nada le resulta tan interesante como el gigantesco Júpiter, que sigue desde 2003. Antes de eso se había concentrado en observar Marte, que por aquel entonces estaba en su punto más cercano a la Tierra en milenios.
“Júpiter cambia tanto que, cada vez que lo ves, puedes notar algo distinto”, explica. “Está lleno de detalles y colores hermosos, tanto grandes como pequeños. Está repleto de nubes y sistemas climatológicos muy activos.
Es algo maravilloso para observar.”
Este hombre comenzó a enfocar su cuerpo celeste favorito alrededor de las diez de la noche de aquel domingo 19 de julio, pero las condiciones meteorológicas eran menos favorables que las de días anteriores. Sin embargo, continuó observando por algunas horas.
Casi llegada la media noche, el astrónomo se hizo a la idea de que no vería nada interesante y se retiró a su casa, motivado además por el hecho de que la temperatura estaba cerca de los cero grados centígrados. Pero media hora después tuvo curiosidad de volver y echar un vistazo y fue entonces cuando vio aquella mancha negra.
“Al principio, realmente no entendí lo que era, pero alrededor de la una de la mañana comencé a pensar que tal vez era la destrucción dejada por un cometa o asteroide”, dijo.
A las dos de la mañana ya estaba enviando correos electrónicos a todos sus colegas aficionados y los científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California.
Normalmente, los mayores observatorios ópticos del mundo están ocupados en proyectos de exploración de áreas ubicadas fuera del sistema solar. Por lo tanto, explica Wesley, las instituciones más especializadas en este campo dependen en gran medida de la labor de los aficionados.
“Estaba tremendamente emocionado”, expresó Wesley con la voz entrecortada por la excitación. “Cuando estaba aquí, en la casa, enviando los correos electrónicos a las dos de la mañana, estaba tan entusiasmado que apenas podía hablar (ríe.) Tenía que intentar calmarme un poco y todavía pensaba que podría ser otra cosa.”
Su mayor miedo era que nadie respondiera debido a la diferencia de horarios entre Murrumbateman y Pasadena, siete horas, pero alrededor de las tres de la mañana recibió una respuesta indicándole que revisarían el fenómeno en cuanto la rotación de Júpiter permitiera observar nuevamente el punto señalado. Eso sucedió la noche siguiente y el resultado confirmó su hipótesis.
Muchos de sus compañeros exploradores también pudieron avistar el agujero, pero lamentablemente el objeto que causó el daño no pudo ser observado por nadie, ni siquiera por Wesley.
“Simplemente fue increíble, una experiencia muy surreal pensar que esto había pasado y que había tenido la suerte para estar en el lugar indicado para ver la marca del impacto”, agregó. Si bien la mayor parte de la gente casi no presta atención a ese cuerpo celeste, muchos comenzaron a hacerlo después de que la noticia sobre el descubrimiento de Wesley le diera la vuelta al mundo. Esto se magnificó cuando la NASA explicó la importancia del acontecimiento:
“Por varios años, la idea dominante sobre los impactos en Júpiter era que sucedían una vez cada varios milenios, según cálculos elaborados a partir del impacto del cometa Shoemaker-Levy, que por cierto se llama así en honor a Eugene y Carolyn Shoemaker, y a David Levy, astrónomos que lo descubrieron en 1993, meses antes de que se estrellara.
No obstante, el hallazgo parece capaz de romper ese paradigma:
“Tal vez esos impactos en Júpiter son más frecuentes de lo que pensábamos. Aquí estamos apenas 15 años después y ya hemos visto otro”, señaló Wesley. Entender cuán frecuentemente ocurren estos impactos nos da una idea de cuántos objetos como éste todavía están flotando en el sistema solar. Es algo muy útil, porque nos da una idea para calcular las probabilidades de que algo así se acerque a nosotros”, añadió.
De la noche a la mañana, la vida de este hombre cambió significativamente. Periódicos y televisoras de prácticamente todo el mundo, incluidos Australia y México, informaron sobre la colisión.
Wesley asegura que nunca imaginó que los medios le prestarían tanta atención Su niñez la pasó haciendo observaciones bajo el cielo despejado del gran desierto australiano. En los primeros minutos del 20 de julio, luego de varias horas tras su telescopio, el astrónomo descubrió una gigantesca e inusual mancha negra en la atmósfera del planeta más grande del sistema solar que sorprendió hasta a la NASA
Hace 15 años el mundo se entusiasmó con uno de los descubrimientos astronómicos más notables de la historia: el impacto del cometa Shoemaker-Levy contra Júpiter, que permitió a los científicos alrededor del mundo observar por primera vez el choque de dos cuerpos celestes en el sistema solar.
Una de las personas más emocionadas en ese momento era Anthony Wesley, programador de cómputo de Murrumbateman, en el estado australiano de Nueva Gales del Sur. En aquel año de 1994, era sólo uno de los muchos astrónomos aficionados de ese país, pero ahora es toda una figura entre la comunidad astronómica mundial, porque hace unos días tuvo la suerte de descubrir otro golpe a la atmósfera joviana.
“El impacto del Shoemaker-Levy fue un acontecimiento muy emocionante y siempre tuve el sueño de que Júpiter fuera golpeado por otro objeto y tener la oportunidad de verlo”, dijo Wesley a Excélsior vía telefónica.
Ese sueño se cumplió la madrugada del 20 de julio, cuando, después de pasar varias horas tras su telescopio sin mucha suerte, descubrió una gigantesca e inusual mancha negra en la atmósfera de Júpiter, casi del tamaño de la Tierra, según algunos científicos.
Pero ese hallazgo no fue producto de la casualidad. Wesley, de 43 años, ha pasado la mayor parte de su vida observando puntos tan remotos dentro del sistema solar como le han permitido sus instrumentos. La primera vez que se interesó por esa actividad fue cuando, con sólo 10 años de edad, recibió su primer telescopio como regalo de Navidad.
Su niñez la pasó haciendo observaciones bajo el cielo despejado del gran desierto australiano, que debido a su poca nubosidad y escasa contaminación lumínica es quizá uno de los mejores sitios en el mundo para estudiar el espacio.
Casi a diario, Wesley termina su jornada laboral junto con su esposa, con la idea de llegar a casa y sentarse un par de horas junto al telescopio que tiene instalado en su patio trasero, aunque debe esperar hasta la media noche para obtener las mejores vistas.
Cabe destacar que este astrónomo de cómputo habita en Murrumbateman, población rural ubicada a 40 kilómetros de Canberra y elegido por muchos como sitio de retiro, donde se puede permanecer horas enteras en la mayor quietud posible.
A pesar de la variedad de objetos que Wesley puede mirar, nada le resulta tan interesante como el gigantesco Júpiter, que sigue desde 2003. Antes de eso se había concentrado en observar Marte, que por aquel entonces estaba en su punto más cercano a la Tierra en milenios.
“Júpiter cambia tanto que, cada vez que lo ves, puedes notar algo distinto”, explica. “Está lleno de detalles y colores hermosos, tanto grandes como pequeños. Está repleto de nubes y sistemas climatológicos muy activos.
Es algo maravilloso para observar.”
Este hombre comenzó a enfocar su cuerpo celeste favorito alrededor de las diez de la noche de aquel domingo 19 de julio, pero las condiciones meteorológicas eran menos favorables que las de días anteriores. Sin embargo, continuó observando por algunas horas.
Casi llegada la media noche, el astrónomo se hizo a la idea de que no vería nada interesante y se retiró a su casa, motivado además por el hecho de que la temperatura estaba cerca de los cero grados centígrados. Pero media hora después tuvo curiosidad de volver y echar un vistazo y fue entonces cuando vio aquella mancha negra.
“Al principio, realmente no entendí lo que era, pero alrededor de la una de la mañana comencé a pensar que tal vez era la destrucción dejada por un cometa o asteroide”, dijo.
A las dos de la mañana ya estaba enviando correos electrónicos a todos sus colegas aficionados y los científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California.
Normalmente, los mayores observatorios ópticos del mundo están ocupados en proyectos de exploración de áreas ubicadas fuera del sistema solar. Por lo tanto, explica Wesley, las instituciones más especializadas en este campo dependen en gran medida de la labor de los aficionados.
“Estaba tremendamente emocionado”, expresó Wesley con la voz entrecortada por la excitación. “Cuando estaba aquí, en la casa, enviando los correos electrónicos a las dos de la mañana, estaba tan entusiasmado que apenas podía hablar (ríe.) Tenía que intentar calmarme un poco y todavía pensaba que podría ser otra cosa.”
Su mayor miedo era que nadie respondiera debido a la diferencia de horarios entre Murrumbateman y Pasadena, siete horas, pero alrededor de las tres de la mañana recibió una respuesta indicándole que revisarían el fenómeno en cuanto la rotación de Júpiter permitiera observar nuevamente el punto señalado. Eso sucedió la noche siguiente y el resultado confirmó su hipótesis.
Muchos de sus compañeros exploradores también pudieron avistar el agujero, pero lamentablemente el objeto que causó el daño no pudo ser observado por nadie, ni siquiera por Wesley.
“Simplemente fue increíble, una experiencia muy surreal pensar que esto había pasado y que había tenido la suerte para estar en el lugar indicado para ver la marca del impacto”, agregó. Si bien la mayor parte de la gente casi no presta atención a ese cuerpo celeste, muchos comenzaron a hacerlo después de que la noticia sobre el descubrimiento de Wesley le diera la vuelta al mundo. Esto se magnificó cuando la NASA explicó la importancia del acontecimiento:
“Por varios años, la idea dominante sobre los impactos en Júpiter era que sucedían una vez cada varios milenios, según cálculos elaborados a partir del impacto del cometa Shoemaker-Levy, que por cierto se llama así en honor a Eugene y Carolyn Shoemaker, y a David Levy, astrónomos que lo descubrieron en 1993, meses antes de que se estrellara.
No obstante, el hallazgo parece capaz de romper ese paradigma:
“Tal vez esos impactos en Júpiter son más frecuentes de lo que pensábamos. Aquí estamos apenas 15 años después y ya hemos visto otro”, señaló Wesley. Entender cuán frecuentemente ocurren estos impactos nos da una idea de cuántos objetos como éste todavía están flotando en el sistema solar. Es algo muy útil, porque nos da una idea para calcular las probabilidades de que algo así se acerque a nosotros”, añadió.
De la noche a la mañana, la vida de este hombre cambió significativamente. Periódicos y televisoras de prácticamente todo el mundo, incluidos Australia y México, informaron sobre la colisión.
Wesley asegura que nunca imaginó que los medios le prestarían tanta atención a su hallazgo y la idea no parece desagradarle. Sin embargo, lo más importante para él no es que su nombre se haya hecho famoso, sino que la gente se acercara a la observación espacial.
“He estado recibiendo un montón de preguntas de estudiantes y de otras personas, además de mi familia y amigos”, abundó. “Es muy gratificante. Si puedo hacer que más gente se interese por la astronomía y que más gente observe a Júpiter en particular, que es mi pasión personal, eso será un gran resultado”.
Para este astrónomo aficionado, el fenómeno cobró tal importancia por dos razones: el aniversario número 15 del impacto del Shoemaker-Levy y el número 40 de la llegada del hombre a la Luna.
Pero otra de las coincidencias es que el choque haya ocurrido justamente ahora. El invierno austral (verano en el hemisferio norte) es el mejor momento del año para observar el planeta gigante, según explica Wesley.
Al igual que la Tierra, Júpiter gira alrededor del Sol. Sin embargo, tarda 12 años en dar una vuelta completa, es decir, 12 veces más que nuestro planeta.
Lo anterior significa que, durante algunos meses, Júpiter se encuentra al otro lado del llamado astro rey y la visibilidad es bastante mala.
No obstante, en otra época del año —precisamente la actual— ambos planetas están en el mismo extremo del sistema solar. Eso permite avistamientos tan claros.
Ahora más que nunca, Anthony Wesley permanecerá alerta en caso de que surja otro acontecimiento interesante en el cielo y tal vez tenga suerte.
Después de todo, otros astrónomos, específicamente el matrimonio Shoemaker, descubrió no uno, sino varios cometas.


